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¿Por qué es importante la educación emocional?

Ojalá hubiese conocido de pequeña todo lo que sé ahora con 31 años sobre el funcionamiento de mis sentimientos…

Y pensaréis: “Ya, pero muchas cosas se aprenden de la experiencia de la vida, a lo largo de los años”; es verdad, es cierto que el camino nos pone muchas piedras imprevisibles, pero ¿por qué no adquirir un buen calzado  desde la infancia para que éste sea más llevadero?

¿Qué tipos de mente desarrollamos?

El maestro Daniel Goleman nos explica lo siguiente:

El ser humano tiene dos mentes, una mente que piensa y otra mente que siente, y estas dos formas fundamentales de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental.

Una de ellas es la mente racional, la modalidad de comprensión de la que solemos ser conscientes, más despierta, más pensativa, más capaz de ponderar y de reflexionar. El otro tipo de conocimiento, más impulsivo y más poderoso-aunque a veces ilógico-, es la mente emocional.

No es que existan dos cerebros, sino que, con el paso del tiempo, numerosas investigaciones han afirmado que nuestro cerebro está formado por una parte más emocional (sistema límbico) y una parte más racional o pensante (neocórtex).

Esto nos lleva a ver que una misma persona no solo piensa de una manera, sino que existe una dicotomía entre razón y emoción, dos inteligencias a desarrollar, igual de importantes y complementarias entre sí.


¿Qué es un secuestro emocional?

El blog de Mente Maravillosa nos lo explica de forma muy clara:

De vez en cuando, nos descubrimos perdiendo los estribos, en medio de una tormenta. Y cuando ésta pasa, nos damos cuenta de que nuestra reacción fue algo desproporcionada, arrepintiéndonos de nuestra actuación y preguntándonos cómo puede ser posible que en cuestión de segundos nos volvamos tan irracionales.

En estas situaciones, cuando se está produciendo el secuestro emocional, toda nuestra atención se encuentra dirigida a dar una respuesta a la emoción, impidiéndonos llevar a cabo procesos de racionalización de la situación que vivimos.

Y es quizás por esta razón, que nuestras respuestas no se corresponden con lo que esperamos de nosotros, una vez que pasada la tormenta, somos capaces de analizarlo.


Cuando cualquier persona es secuestrada por sus propias emociones no es capaz de atender a nada más.

Cuando le pasa esto a un niño o a una niña toda su atención se disipa, todo aquel aprendizaje en proceso se va. Si pusiéramos conciencia en esas emociones todo sería distinto.

¿Por qué la educación solo se centra en la mente racional? ¿Por qué solo se mide el coeficiente intelectual y no el coeficiente emocional?

¿No os ha pasado que todo aquello que habéis aprendido motivados y motivadas, en lo que le poníais emoción, es aquello que mejor habéis integrado?

Las emociones son el motor de la mente, si no nos paramos a dar recursos a la infancia para que integren mejor las emociones que les invaden (recuerda, de forma impulsiva y sin control), sus aprendizajes no serán significativos, no tendrán sentido porque no estarán alineados con su persona, con su alma, con su ser, con lo que sienten cuando los aprenden.

Por todo ello reivindico la importancia de trabajar las emociones en el colegio y en casa, ayudándoles a SENTIR de forma sana, para que identifiquen su SER y así APRENDER en coherencia con quienes son.

Facilitemos a nuestros niños y niñas un buen calzado para caminar por sus emociones.

“Estamos en el siglo XXI y es cierto que a nivel educativo hemos alcanzado grandes retos: trabajo por proyectos, aprendizaje cooperativo, tablets en las aulas, pizarras digitales y en cambio continúa el fracaso escolar, aumenta el acoso y la violencia en las escuelas e institutos. ¿En qué estamos fallando? Enseñemos a los niños a ser conscientes de sus emociones, a aprender a identificarlas y gestionarlas de forma adecuada… Tal vez esa es la pieza que nos falta para avanzar en el reto de la educación”. Eva Solaz.